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  • Raúl Abraham

ESCATOLOGÍA BÍBLICA EN EL MONTE MORIAH




¿Cuántas veces se lee y estudia Génesis 22 sin prestar atención a pequeños detalles que demandan una interpretación profética y no meramente histórica? Un hijo amado, un monte lejano, una pregunta lógica, una respuesta esperanzadora, un sacrificio sustitutorio…


Tal vez, como es en mi caso, te enseñaron erróneamente que Isaac es un tipo de Cristo, dadas las más de 20 características en común que identifican a ambos. O que el “Jehová Jireh” fue la ofrenda enviada del cielo dos mil años después para morir en lugar del hombre pecador (o en el peor de los casos, uno de los nombres de Dios a los que debemos recurrir en un momento de prueba o escasez material). La eiségesis desarrollada en este capítulo tiene para todos los gustos y colores: la leña que colgó Isaac representa el madero que llevó Jesús hacia el monte Calvario; el asno que los acompañó y que, supuestamente transportó al muchacho, apuntaba a la entrada triunfal en Jerusalén; los tres días que caminó Abraham… los criados… el fuego… en fin, hasta predicar que Gabriel fue el ángel de Jehová que detuvo al patriarca antes de bajar el cuchillo después de una intensa y acalorada discusión en el cielo.


Sin embargo, cabe preguntarnos: ¿son válidas estas tipologías y alegorías señaladas? ¿Qué quiso enseñarnos el Espíritu al registrar por medio de su siervo Moisés este relato? ¿Debemos únicamente limitar esta historia a la obediencia o al pacto que Dios hizo Abraham?


A continuación, te invito a que leas detenidamente en tu Biblia los primeros 14 versículos de este capítulo 22 de Génesis, y como en toda exégesis descubramos, con la ayuda del Espíritu y Su Palabra, el significado original del autor, la implicación que tuvo en otros escritos posteriores y finalmente la aplicación para nuestras vidas.


1. SIGNIFICADO:


Comencemos analizando algunos tipos y figuras que serán determinantes para arribar al sentido profético de este relato.


En primer lugar, la ofrenda que Dios demandó de Abraham (22:2): “Isaac”, según la alegoría del apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, es figura de “los hijos de la promesa” (véase Ga.4:28); y por ende, Abraham es el padre no solo de Isaac, sino también de “todos los creyentes” de la fe (véase Ro.4:11).


En segundo lugar, el monte que vio Abraham (22:2, 4): “Moriah”, se trata de Jerusalén donde también Dios mandó a edificar el templo (véase 2 Cr.3:1) y posiblemente al que Jesús hizo referencia en el evangelio de Juan al decir “vuestro padre (Abraham) se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (véase Jn.8:56).


En tercer lugar, el animal para el holocausto (22:7-8): “el cordero”, tipo del Mesías (véase Is.53:7; Jn.1:29) al igual que otros animales citados en la epístola a los Hebreos, tales como “toros, machos cabríos, becerros y las cenizas de la becerra” (véase He.9:12-13).


En cuarto y último lugar, la provisión de Dios (22:13): “un carnero”, trabado en un zarzal por sus cuernos y que fue ofrecido por el patriarca “en lugar de su hijo”. La palabra traducida al español por carnero es “ayil”, que la RVR60 traduce en otros textos como “valientes” (Ex.15:15), “poderosos” (Ez.17:13), “reyes” (Is.37:11). El significado de esta palabra no solo abarca el nombre de un animal (el carnero), sino que también se trata de un título honorífico de reyes y otro tipo de autoridades. Por citar un par de ejemplos: en la visión de Daniel los carneros se asocian con los reyes de Media y Persia (véase Dn.8:20) y en la profecía de Apocalipsis los diez cuernos de la bestia “son diez reyes” (véase Ap.17:12), según la interpretación del ángel.


Hasta aquí algunos significados del relato, y seguramente que algunas preguntas empiezan a surgir y quedar en el aire: ¿cuál fue el día que vio Abraham y se gozó? (Gn.22:4 comp. Jn.8:56) ¿Por qué Dios proveyó un carnero en lugar de un cordero? (Gn.22:7-8 comp. 22:13) ¿Qué relación tiene la resurrección de Isaac “en sentido figurado” según el autor de los Hebreos? (véase 11:19).


2. IMPLICACION


Una vez analizado los significados de Isaac, Moriah, el cordero y el carnero, pasemos a las consecuencias o efectos de este acontecimiento en textos posteriores. Como bien sabemos, a pesar de que el escritor bíblico es consciente de todo lo que escribe (la inspiración no es mecánica), dicho escrito o revelación se va “refinando” progresivamente por otros autores al recibir mayor iluminación de ese documento.


Los textos que podrían asociarse con este relato de Génesis 22 son múltiples, así que solo nos detendremos en algunos de ellos para luego poder interpretarlo dentro del marco profético al que hace referencia. Para ello, serán separados en dos encabezados, ambos con un carácter mesiánico redentor.


La primera pascua (véase Ex.12), celebrada en Egipto, tiene una connotación histórica, y en ella vemos como muere el cordero (libra a los israelitas de la muerte) y también el carnero, es decir, los primogénitos (libra a los israelitas de la esclavitud en Egipto). De esta manera el pueblo de Dios marcha a la tierra que Dios juró a sus padres (véase Gn.12:1-3, 7). La profecía de Isaías dice: “Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.” (Is.43:3). Al igual que Dios proveyó el carnero “en lugar de” (véase Gn.22:13, en hebreo: “tajat”), también provee de hombres y naciones “por tu (“tajat”) vida”.


La última pascua (véase 1 Co.5:7), celebrada en Jerusalén, tiene una connotación escatológica, y en ella vemos como muere el Cordero (libra a los hijos de la promesa de la muerte eterna) pero no el carnero, es decir, los poderosos de las naciones. La profecía de Isaías continúa diciendo: “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.” (Is.43:4). Tal día (véase Ez.39:17-19 comp. Ap.19:18) los hijos de la promesa seremos libres del sistema de este mundo para marchar a la tierra (o el reino milenial) que Dios ha preparado para los Suyos (véase Hc.1:6 comp. Ro.8:18-19).


Por lo tanto, el día que vio Abraham y se gozó (veáse Jn.8:56) fue “el día del Señor” (véase Lc.17:24), es decir, Su segunda venida. Tal día el carnero será sacrificado en el altar (véase Sa.37:20; Za.12:9) y se consumará la resurrección figurada en Isaac (véase He.11:19 comp. 11:35). ¡El plan de redención empieza en Moriah (muerte del Cordero) y culmina en ese mismo monte (muerte del carnero), cuando el mundo sea testigo de la manifestación gloriosa del Hijo del Hombre (véase Mt.24 y 25).


3. APLICACIÓN:


¿Que nos enseña el Espíritu con pasajes como este?


Primero, identifiquemos lo que NO nos enseña: una profecía concerniente a la primera venida del Mesías como el Cordero, como Abogado, “ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (He.9:28a). Una hermenéutica cristocéntrica (buscar a Cristo en cada texto) nos puede privar de comprender “todo el consejo de Dios” y por ende Su plan redentor en plenitud o totalidad.

Lo que SI nos enseña o muestra este capítulo, es una profecía concerniente a la segunda venida del Mesías ya no como Cordero, sino como León, como Juez, que aparece “por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (véase He.9:28b). Una hermenéutica cristotélica (ver como el texto bíblico en su conjunto apunta a Cristo) nos guía hacia ese programa Divino en el cual no hubo ni habrá margen de error.


Así es, servimos a un Dios Inmutable que anuncia “lo por venir (Apocalipsis) desde el principio (Génesis)” , “… Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (véase Is.46:10). ¡Todo está bajo Su control! ¡Todo lo que fue profetizado en las Sagradas Escrituras se cumplirá! Podemos descansar y al igual que el salmista pedir: “Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón”. (Sa.119:34).


Y tal y como nos enseñó el Maestro al hacer memoria del plan de redención por medio de símbolos como el pan y el vino (véase 1 Co.11:23-26), no limitemos tal ceremonia a recordar como el cuerpo del Cordero fue partido y Su sangre derramada; sino también tengamos presente al carnero, para proclamar que Él regresará y todo será consumado, “… la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. Amén.


Raúl Abraham (Profesor: SBF ESP)

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