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  • Raúl Abraham

LA AUTONOMÍA PASTORAL: "Características y Peligros"



“Según la Biblia, ¿cuántos pastores debe tener una iglesia local?” Es la pregunta que muchos se hacen al compararlas con aquellas que fueron fundadas en el primer siglo de la era cristiana. La respuesta es clara y sencilla, pero con más profundidad de la pareciera tener a simple vista: “una congregación debe tener tantos pastores como Dios quiera darle”.

Los “pastores”/”ancianos”/”obispos” (sinónimos múltiples, véase Hc.20:17, 28; Ti.1:5, 7; 1 Pe.5:1-4) son regalos de Dios al Cuerpo de Cristo para que los santos sean perfeccionados hasta llegar “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” (Ef.4:13). Dicha labor, se lleva a cabo primordialmente a través de la predicación expositiva de las Escrituras (véase 2 Ti.2:15; 4:1-2; Ti.1:9) para que, de esta manera, cada miembro pueda descubrir cuál es la voluntad de Dios y ser persuadido a caminar en ella.

Cabe aclarar que, Dios da pastores a las iglesias, y no iglesias a los pastores, como muchas veces se supone. La labor pastoral consiste en ejercer una autoridad delegada por Cristo a los miembros del Cuerpo que están bajo su cuidado (véase 1 Ti.3:4). Dicha tarea, requiere no solamente de un llamado Divino sino también de una serie de requisitos a tener en cuenta (véase 1 Ti.3:1-7). Algo que no tuvieron presente en Creta y por lo cual Tito fue enviado a corregir dicha deficiencia (véase Ti.1:5).

Según el Nuevo Testamento, este ministerio no fue desarrollado de manera singular, sino plural, corporativa, tal y como vemos el patrón llevado a cabo en cada una de estas congregaciones neo-testamentarias. Así lo registran algunos versículos:

“Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hc.14:23 RVR60).

“Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia” (Hc.20:17 RVR60).

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, …” (Hc.20:28 RVR60).

“Pablo y Timoteo, … a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos:” (Fi.1:1 RVR60).

“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Ti.5:17 RVR60).

“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; …” (He.13:7).

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, … ” (He.13:17 RVR60).

“Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan” (He.13:24 RVR60).

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:” (1 Pe.5:1)

Ahora bien, a todo esto, cabe destacar que no es anti bíblico ni diabólico ser parte de una iglesia gobernada por un solo pastor, pero tampoco es el ideal, el modelo escritural a seguir. Si una congregación solo ha recibido la gracia de tener un solo obispo, ¡adelante! No fuimos llamados a “imponer manos con ligereza” (1 Ti.5:22), pero sí a imitar el modelo de aquella primera generación en la medida que Dios lo ponga a nuestro alcance.

¿Cuáles son, entonces, algunos de los peligros a los que se expone una iglesia gobernada por la “singularidad pastoral”?

Tiranía y despotismo: al no tener un grupo de ancianos a su lado para corregirlo, guiarlo y exhortarlo cuando fuera preciso, el pastor piensa erróneamente que las almas le pertenecen, que deben seguirlo y obedecerle ciegamente (véase 1 Pe.5:2-3); llegando al extremo de tomarse atribuciones tales como “prohibir” a modo “Diótrefes” (véase 3 Jn.9-10) o “ser doctrinalmente infalible” al estilo Papal, como la iglesia romana sostuvo (y sostiene) a lo largo de su historia.

Finanzas y administración de recursos: todo obrero es “digno de su salario” (1 Ti.5:18), y todo anciano lo es de “doble honorario, mayormente los que predican y enseñan” (1 Ti.5:17); pero si un solo obispo determina como manejar los ingresos recibidos semanalmente, se torna en algo inseguro, sospechoso y hasta perjudicial para la iglesia, por muy íntegro y honesto que éste sea. Aún Jesús tuvo un tesorero en su grupo, y el apóstol Pablo persuade a los ministros a huir del amor al dinero (véase 1 Ti.6:10-11). ¿Y qué mejor manera que delegar dicha tarea a líderes que administren con sabiduría y prudencia cada céntimo que entra y que sale “de la bolsa”?

Orden y disciplina: Pablo exhorta a Timoteo a no admitir acusación contra un anciano si no es con dos o tres testigos (véase 1 Ti.5:19). No debemos olvidar que él también es un miembro más del cuerpo, que desempeña un servicio delegado por el Señor, la Única cabeza. Ahora bien, ¿quién juzga la conducta o doctrina de un pastor si él es el único que determina dichas amonestaciones? Todo anciano, por mucha trayectoria y buena reputación que tenga, debe ser reprendido con otros testigos si su desempeño ministerial es hallado en falta (véase Ga.2:11).

Predicación y enseñanza: todo predicador ha sido llamado a anunciar “todo el consejo de Dios” (Hc.20:27), sin embargo, nadie, a excepción del apóstol Pablo y algún otro “fenómeno”, tiene la capacidad para hacerlo bien en su totalidad. Cada uno suele inclinarse más por una temática que por otra. Y aún la metodología varía de uno a otro: evangelística, devocional, consagracional, motivacional, etc. Contar con una gama de ponentes, le permite a la iglesia nutrirse de diversos temas y le priva de caer en la monotonía de escuchar cada domingo más de lo mismo.

La lista de peligros podría continuar, ya que un pastor solitario se encuentra privado de rendir cuentas a otros, abrir su corazón ante una carga que “lo está aplastando”, confesar un pecado oculto, escuchar otros puntos de vista, etc. “Ay del solo”, diría el Predicador (Ec.4:10).

Damos gracias a Dios por la vida y servicio de cada pastor. Sólo Dios y sus mas íntimos conocen las luchas, dificultades, negación… que hay “detrás de bambalinas”.

Somos llamados a acordarnos de ellos y a imitar su fe (véase He.13:7); a obedecerles y ser dóciles ante sus enseñanzas (véase He.13:17).

Ayúdalos a que desempeñen su labor con alegría. Ora por ellos (He.13:18). Y también pídele a Dios que ponga a su lado “hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti.2:2).

Y usted, querido pastor, no se quede solo, por su propio bien y por el de “todo el rebaño en que el Espíritu Santo lo ha puesto por obispo(s), para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hc.20:28).

Raúl Abraham – Profesor SBF ESP

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