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VIOLENTOS VS. MANSOS

 

 

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (MT.11:12 RV60)

 

INTRODUCCIÓN

 

“Violentos espirituales”, es el calificativo usado por aquellos que interpretan este texto (Mt.11:12) como una evidencia de “esfuerzo, valentía y compromiso”, dignas de un auténtico cristiano.

 

Según este grupo, tales características se traducen en ser “agresivo” con las huestes de  maldad, “enérgico” al ir en contra del pecado o “impulsivo” a la hora de llevar a cabo un evangelismo explosivo que le arrebate las almas al enemigo.

 

En algunos casos, es la propia ignorancia la que les encamina a tal deducción. En otros, el propio ego y afán de protagonismo desmedido.

 

Sin embargo, cabe preguntarnos: ¿Es éste el sentido del texto? Es decir, ¿fue Juan el Bautista uno de éstos supuestos “violentos” que supo “arrebatar” el reino de Dios en su corta trayectoria?

 

A continuación analizaremos el contexto del mismo capítulo y algunas bienaventuranzas predicadas por Jesús para referirse al “reino de Dios” y sus “habitantes”.

 

CONTEXTO DE MATEO 11:12

 

El contexto inmediato nos sitúa desde el versículo 2 en adelante:

 

2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,

 

Juan está “preso”. La “voz que clama en el desierto” se apaga por mandato de Herodes (véase Mt.14:3). Fueron los “violentos” (Roma) quienes arremetieron contra él.

 

Desde que comenzó su ministerio a orillas del Jordán, encontró oposición no solamente por parte del imperio romano (como en esta ocasión), sino también y principalmente por el pueblo religioso de entonces. Fariseos y escribas, entre otros.

 

Ellos son los “violentos” que paradójicamente pretenden poner fin a algo eterno. La Biblia Dios Habla Hoy lo traduce de la siguiente manera:

 

“Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los que usan la fuerza pretenden acabar con él” (MT.11:12 DHH)

 

También la Nueva Traducción Viviente presenta la misma idea de pensamiento:

 

“Desde los días en que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando” (MT.11:12 NTV)

 

Y que mejor forma de internarlo que poniendo fin al “mayor” de todos los profetas (véase Mt.11:11). Al Elías esperado por Israel (véase Ma.4:5; Mt.17:10-13). Al heraldo de Jesús que vino para “prepararle camino” (véase Mt.3:3; Is.40:3).

 

Juan el Bautista no es un “violento”, sino una “víctima más” en manos de aquellos que “no tuvieron el oído para oír” (véase Mt.11:13).

 

CONTEXTO DE LUCAS 16:16

 

Los exégetas que discrepan con ésta conclusión mencionada, toman como referencia las palabras de Jesús registradas en el evangelio de Lucas para refutarla:

 

La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. (LC.16:16)

 

Se valen de la palabra “esfuerzan” para respaldar la idea de que al reino de Dios se entra por “valentía (Mt.11:12) y esfuerzo”.

 

Ahora bien, en ningún momento Jesús hizo referencia a tales actitudes como requisitos para ser parte de Su reino, sino más bien que fueron comunicados para que los oyentes pudieran comprender que es imposible entrar a menos que Otro se ponga en su lugar.

 

Por citar un ejemplo:

 

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. (LC.13:24)

 

La palabra “esforzaos” viene de una raíz griega que se traduce como “agonizar” (gr. agonisomai). Procurar entrar al reino de los cielos por “obras” es un suicidio, es agonizar en el intento. Por eso Cristo agonizó para que nosotros pudiéramos entrar.

 

Por ende, las “buenas obras” (valentía, esfuerzo, etc.) no son un requisito para entrar al reino de Dios sino una evidencia de haber “creído” en Aquel que agonizó en nuestro lugar. Pero nunca se mencionan como atributos de un “violento”, sino más bien de un más que “vencedor” en Cristo Jesús.

 

BIENAVENTURADOS

 

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (MT.5:5)

 

Tal bienaventuranza entra dentro de la sección conocida como “El Sermón del Monte” (Mt.5-7). El propósito por el cual fueron predicadas estas enseñanzas en aquel monte (Olivos) fue llevar a sus oyentes a otro monte (Calvario).

 

La palabra “bienaventurados” viene del griego “makarios”, literalmente “afortunados”. En este caso son afortunados los “mansos” (y no los violentos) porque ellos recibirán la tierra por heredad.

 

Esta declaración de Jesús fue tomada de un salmo:

 

37:11 Pero los mansos heredarán la tierra,

Y se recrearán con abundancia de paz.

 

La palabra “manso” se traduce también como “humilde”. En el escrito original es la palabra “praus”, que se usaba con referencia a un animal que había sido domesticado para acatar las órdenes o directrices de su amo.

 

El hombre de por sí es esclavo del pecado (véase Ro.7:14-24). Solo aquel que ha experimentado la nueva creación puede ser “domado” por el Espíritu que Dios ha hecho morar en cada uno de Sus hijos (véase Ro.8:14).

 

Por lo tanto, la herencia prometida por el Señor no será habitada por aquellos que busquen méritos para merecerse tal heredad, sino por el remanente de mansos que se sujeten como un “animal domesticado” a la voluntad de Dios.

 

CONCLUSIÓN

 

El reino de cielos no es de los “violentos”, sino de:

 

  • Los “pobres” en espíritu (Mt.5:3): aquellos que reconocen su “bancarrota espiritual” y dejan a un lado la “auto suficiencia” aprendida en un libro de autoayuda.

 

  • Los que “lloran” (Mt.5:4): por la tristeza que produce el arrepentimiento que guía a la salvación. Aquellos que experimentan el dolor de no “estar a la altura” de los parámetros de santidad establecidos por el Señor.

 

  • Los que tienen “hambre y sed de justicia” (Mt.5:6): como aquellos publicanos que reconocían su necesidad de Dios, frente a un grupo de fariseos que se creían merecedores de Su bondad (véase Lc.18:9-14).

 

  • Los de “limpio corazón” (Mt.5:8): por haber recibido ese nuevo corazón. La regeneración. El nuevo nacimiento. La mente de Cristo.

 

  • […]

 

  • Y por supuesto, según esta sección, los “MANSOS” (Mt.5:5). Nosotros. Aquellos que dejamos la violencia para los violentos y seguimos aprendiendo de Jesús:

 

… y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; … (MT.11:29)

 

La iglesia del Señor no fue llamada para “arrebatar” absolutamente nada, sino para ser “arrebatada” por Él cuando suene la trompeta…

 

Raúl Abraham

Profesor SBF ESPAÑA

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